EN NUESTRO DÍA, QUEREMOS HOMENAJEAR A UN TRADUCTOR ARGENTINO EMBLEMÁTICO:

Lo hacemos en la figura de Jorge Luis Borges (1899-1986) quien, a la edad de 11 años, tradujo el cuento “El príncipe feliz”, de Oscar Wilde, y a lo largo de su vida, tradujo poesía y prosa principalmente de escritores ingleses, pero también de alemanes y franceses. Entre otros, podemos nombrar a Edgar Allan Poe, Franz Kafka, James Joyce, Hermann Hesse, Rudyard Kipling, Herman Melville, André Gide, William Faulkner, Walt Whitman, Virginia Woolf, Henri Michaux, Jack London, Gustav Meyrink, Novalis, Marcel Schwob, George Bernard Shaw, May Sinclair, Jonathan Swift, H. G. Wells y G. K. Chesterton.

 

Borges y su idea de la “infidelidad creadora del traductor”

Borges defendía la idea de que traducir es un modo de leer, de interpretar y reconstruir un texto; la calidad de una traducción depende de su fidelidad a la lengua a la que se integra:

“La traducción es una variación que es lícito ensayar. ¿Por qué no supone que cada traducción es un borrador nuevo de la obra anterior? No sé por qué siempre se piensa  mal de los traductores y sin embargo todos estamos de acuerdo en que la literatura rusa es admirable. Yo la conozco poco, pero estoy de acuerdo. Y sin embargo, la conocemos a través de traducciones, muy pocos de nosotros conoce ruso. Estoy convencido de que una novela como El sueño del aposento rojo, una vasta novela china, no menos modificada que la de los rusos, es admirable y la conozco a través de dos traducciones. La traducción alemana y la traducción inglesa, y en cuanto a la poesía, nadie duda de que en el Antiguo Testamento y en los Evangelios hay admirable poesía y no todos nosotros conocemos el hebreo o el griego, es decir, creemos en las traducciones. La traducción es un género lícito, desde luego. Es un absurdo negarlo”.

Palabras de Borges en diálogo con Jorge Cruz, en La Nación,  Buenos Aires, domingo 28-4-85. Para saber más sobre Borges y la traducción, hacé clic aquí.

 

¡¡FELIZ DÍA PARA TODOS LOS TRADUCTORES!!